Electrolineras y buses eléctricos: los retos de infraestructura para la transición energética
Colombia vive uno de los momentos más dinámicos de su historia reciente en materia de movilidad eléctrica: las ventas de vehículos eléctricos crecieron 207% en lo corrido de 2026 frente al año anterior, y el país ya es considerado el tercer mercado eléctrico de Latinoamérica. Pero detrás de ese crecimiento hay una tensión estructural que define el verdadero cuello de botella de la transición energética en el transporte: la infraestructura de carga no está creciendo al mismo ritmo que el parque automotor eléctrico.
Entender esta brecha y las estrategias que se están desplegando para cerrarla es clave para cualquier actor del sector de movilidad, energía e infraestructura que quiera participar en uno de los mercados con mayor proyección de crecimiento de la próxima década.
Una brecha que ya es crítica
Las cifras oficiales son contundentes. Según el Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT), con corte al 21 de mayo de 2026 Colombia tenía 77.215 vehículos eléctricos matriculados en el país, mientras que apenas existían 520 puntos de carga activos, lo que arroja una proporción de un punto de carga por cada 148 vehículos eléctricos. Si se toma como referencia el número de electrolineras estaciones que agrupan varios puntos de carga, el panorama es todavía más ajustado: solo 229 electrolineras en todo el territorio nacional, equivalentes a una estación por cada 337 vehículos eléctricos, una de las proporciones más desfavorables de la región.
El Ministerio de Minas y Energía ha estimado que, para atender la demanda proyectada hacia 2030, Colombia necesitará cerca de 20.000 puntos de carga, lo que implicaría una inversión estimada entre 255 y 390 millones de dólares. Es una cifra que dimensiona el tamaño del reto: la infraestructura actual que según cifras del sector ya supera las 330 electrolineras y más de 1.000 estaciones de carga pública en 2025, con proyección de superar las 1.300 en 2026 sigue siendo insuficiente frente al ritmo de adopción de vehículos eléctricos.
Dónde están concentrados los esfuerzos
La infraestructura de carga en Colombia presenta una fuerte concentración geográfica en las principales ciudades, con Bogotá acumulando más de la mitad de las matrículas de vehículos eléctricos del país. Esta concentración urbana deja rezagadas las rutas intermunicipales y las ciudades intermedias, lo que limita la viabilidad de los viajes de larga distancia en vehículo eléctrico y exige una planificación cuidadosa por parte de los usuarios.
Empresas como Enel X, Terpel, EPM y Celsia lideran la expansión de la red de carga en el país. Enel X, por ejemplo, opera una red de seis electroterminales que suman 412 cargadores, concentrados principalmente en Bogotá, y ha trabajado junto con TransMilenio en la construcción de los primeros electroterminales para la transformación de la flota eléctrica de transporte público de la ciudad.
Corredores eléctricos: la siguiente frontera
Más allá de la carga urbana, el país ha comenzado a dar pasos hacia la creación de corredores eléctricos interurbanos. El primer corredor eléctrico de carga pesada de Colombia conectará Bogotá con Barranquilla y Cartagena a lo largo de 1.200 kilómetros, mientras que la concesión Ruta Costera operada por ISA VÍAS, filial del Grupo Ecopetrol, en alianza con Voltrelli pondrá en operación durante el primer semestre de 2026 cuatro estaciones de carga de alta potencia en el corredor Cartagena-Barranquilla, con cargadores rápidos de 120 kW y doble manguera, capaces de reducir los tiempos de carga a cerca de 15 minutos.
Este tipo de proyectos, anunciados en el marco del Congreso Nacional de la Infraestructura, no son hechos aislados: forman parte de un plan más amplio que busca instalar estaciones veloces en rutas estratégicas, masificar los cargadores domésticos y llevar la movilidad eléctrica a ciudades intermedias, con corredores proyectados hacia la Costa, el Eje Cafetero y el Llano.
Buses eléctricos: la electrificación del transporte público
La transición no se limita a los vehículos particulares. En 2026 comenzaron a llegar los primeros 68 buses eléctricos fabricados en Colombia para el sistema TransMiZonal, dentro de un proyecto que contempla la incorporación de 711 unidades entre 2026 y 2027. La electrificación de flotas de transporte público y de carga plantea retos de infraestructura distintos a los del vehículo particular: requiere electroterminales con capacidad de carga simultánea para múltiples buses, generalmente durante la noche, así como una planificación energética que garantice el suministro eléctrico necesario sin sobrecargar la red de distribución local.
Un modelo de despliegue más rápido: electrolineras modulares
Frente a la magnitud de la brecha, algunas empresas del sector apuestan por modelos de despliegue más ágiles. Es el caso de electrolineras modulares y estandarizadas, que permiten instalar una estación de carga en semanas y no en años, gracias a procesos de automatización operativa. Este tipo de compañías proyecta alcanzar cerca de 1.000 puntos de carga adicionales para 2028, aunque coinciden en que el reto es demasiado grande para que lo asuma un solo actor del mercado, y que se requiere la participación conjunta de energéticas, operadores de combustibles, concesionarios viales y gobierno.
Qué debe priorizarse para cerrar la brecha
Para que la infraestructura de carga no se convierta en el freno de la transición eléctrica en Colombia, el sector coincide en algunos frentes clave: acelerar la instalación de puntos de carga en ciudades intermedias y corredores interurbanos, no solo en las grandes capitales; desarrollar normativa que facilite y agilice los procesos de instalación de electrolineras; garantizar la capacidad de la red eléctrica para soportar la demanda creciente de carga rápida, especialmente en electroterminales de transporte público y carga pesada; y diversificar los actores que invierten en infraestructura, combinando energéticas, distribuidoras de combustibles, concesionarios viales y nuevos operadores especializados.
La electromovilidad en Colombia enfrenta una paradoja: la demanda de vehículos eléctricos crece a un ritmo que la infraestructura de carga todavía no logra igualar. Cerrar esa brecha no depende de un solo actor ni de una sola solución tecnológica, sino de la articulación entre el sector energético, el sector de infraestructura vial y la política pública. Para las empresas y consultoras de movilidad, el reto de la infraestructura de carga representa hoy una de las oportunidades de mayor crecimiento dentro del sector de transporte, tanto en el ámbito urbano como en los corredores interurbanos que están empezando a tomar forma.